Adiós gastritis y H. Pylori

El 2020 fue un año para buscar sanar todo lo que apareció. Con la llegada de la pandemia, todo el mundo se encerró y dejó de ir al médico asique sintiéndome sin riesgos, casi sola, me puse al día. 

Y es que tenía un dolor fuertísimo a la altura del ombligo y debajo de las costillas que al acostarme en las noches dolía aún más. Ya no podía descansar. A cada hora como acto reflejo a causa del dolor, me despertaba para ir al baño. 

Cuando mi tolerancia al dolor y a la falta de descanso acabó, fuí a la guardia y ante la inflamación detectada en el vientre, una gastroenteróloga me internó y practicó colonoscopia y endoscopía. 

Al despertar de la anestesia, recuerdo que me dijo: "...que larga que sos, casi no llegan las cámaras a terminar el estudio"...  (ja!)

La biopsia dió como resultado que una bacteria me estaba comiendo el estómago: Helicobacter Pylori. Si esta continuaba tan felíz multiplicándose en mi,  generaría úlceras o tal vez cáncer también.

Aunque vive en la mayoría de nuestros cuerpos, lo hace en una proporción muy baja. Si se multiplica mucho, comienzan desequilibrios. Y en el proceso, se presenta acidez o gastritis. 

Las bacterias, virus y parásitos, proliferan cuando el stress, la falta de descanso reparador y el agua clorada empiezan a dañar la microbiota intestinal, además de  cuando tenemos dietas muy procesadas (grasas, de bolsita, congelados, con químicos y preservantes) en vez de frutas, semillas y verduras libres de químicos.  Se desequilibra el pH del cuerpo y de la sangre y los "bichos" empiezan la fiesta.


Yo creo que mi causa fue el stress. Bajaron mis defensas. No acompañé con buena dieta, me excedí en gimnasia y pasé Navidad y año nuevo con intolerancia al gluten como reacción secundaria, gastritis y matando al bicho.

¿El tratamiento? Dieta blanda y antibióticos. Fui afortunada que a la primera, murieron. Un señor que estaba atendiéndose por lo mismo a la vez que yo, tuvo que repetir cinco veces el procedimiento con antibióticos. No imagino lo pesado y mal que debe haberse sentido.

Confiada en que el agua alcalina me iba a ayudar a sanar, además añadí Kefir que es como un yogur creado por microorganismos que reparan la flora intestinal hasta en un 80%. Y en poco tiempo noté la diferencia. Además de sumar siembra de probióticos con medicamentos de farmacia.

Me desinflamé muchísimo. Descubrí que los Búlgaros o Nódulos (cambia el nombre de país en país) ayudados por dieta equilibrada, ¡hacen magia!. Y son gratuitos y solo toman leche entera y con lactosa.

A eso añadí una colchoneta para ubicar encima de mi colchón de 3 años (súper nuevo), porque había leído que el magnetismo tiene entre sus muchas características que ¡frena la reproducción bacteriana!. Y te aseguro que me salió más barata la colchoneta que el tratamiento en farmacia. Y además compartía cuidar a mi marido. 

Empezamos a descansar mejor los dos. Y mi hijo, que nunca en la vida durmió con nosotros, ¡empezó a pasarse a nuestra cama porque se sentía muy lindo el colchón! Muy chistoso... 

El Kefir llegó para quedarse. Y he compartido en todo Monterrey. Si quieres me pides y te regalo con mucho gusto. Escríbeme.

Y de a poco, sigo acomodando mi cuerpo para vivir la otra mitad de la vida súper sana y bien. Fuerte para mi misma y para mi familia

Eleonora

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