Experimentos con magnetos

Pasaron los días y con la cuarentena, nos ingeniamos para hacer un corte en medio del encierro con una actividad disruptiva y al aire libre. 

Con mis vecinos organizamos una huerta comunal en un barranco al lado del parque de nuestro edificio, con permiso de la administración. 

Quitamos malezas. Hicimos composta. Armamos terrazas de siembra. Conseguimos lombrices californianas que procesaran todo. Sembramos. Creció lo que quiso. Porque con cada volcada de composta, nacían verduras no esperadas. Comida que repartíamos entre todos o comíamos juntos. 

Fue una temporada de esperanza, camaradería y trabajo conjunto. Conociéndonos y compartiendo lo más valioso de todos: tiempo. 

Armamos turnos de riego. Otros fumigaban. Algunos quitamos crisálidas (mariposas en larva) antes que se comieran los tomates, melones, sandías, apios y otros. La cosecha y el reparto lo hacíamos con los niños. 

Todo esto duró hasta que llegó el invierno y de repente nevó donde nunca cae nieve. Se quemó la huerta. No quedó nada.

Pero a estas alturas, ya éramos varios los que teníamos achaques y los conocíamos todos.

Lo que nos unió luego fueron soluciones “experimento” que pudimos probar y compartir. 

Y resultó que desconociendo por completo los beneficios del magnetismo, empecé a consultar tesis doctorales, artículos, noticias además de fichas técnicas y testimonios. Y necesitaba constatar la información.

¿Cómo llegué hasta estos productos? Desconfiando. Creyendo que era todo mentira. Pasando tiempo de lectura tratando de entender como se aplicaba a los productos japoneses de joyería y de manejo del dolor para contra restarlo. 

Asique con sed de investigar, compré una compresa magnética que cuando llegó, coincidió con un ciático pinzado en el que experimentar. Y en 15 minutos de contacto, ese nervio estaba desbloqueado. Y hacía mi primer venta de magnetismo sin siquiera esperarlo.

El segundo experimento fue con mismo producto y cólicos menstruales. El alivio fue instantáneo. Y yo empezaba a entender un poco más acerca de todo lo que había leído. 

Llegó el cuarto experimento en una espalda con 3 hernias y un dedo del pie dormido hacía casi un año. Nuevamente quedamos atónitos: la compresa Magflex junto con unas plantillas generó relax. La sangre comenzó a correr, el dolor mermó y el dedo del pie volvió a sentirse. Y era la cuarta venta de la semana.

Con los días, el experimento tuvo dos oportunidades más: una muela que dolía y en contacto con la compresa, permitió pasar la noche bien y al otro día conseguir cita médica llegando desinflamado. 

Y por último, un perrito, que por cuestiones de raza suele hacer espasmos respiratorios y al colocarle el Magflex en su espalda, el episodio culminó casi de modo instantáneo.

Pero aún no lo probaba yo. Por lo que volví a comprarla y dormí profundamente tras acostarme sobre ella. Entendí en carne propia porque se vendían. Y comencé a mirar con agrado la tecnología de los fuertes imanes contrapolados que restan contaminación electromagnética, relajan, mejoran la circulación y aminoran dolor.
Cambió la administración. Muchos vecinos se mudaron. La huerta hasta hoy espera su segundo arranque, pero ganamos muchísimo todos los involucrados: Opciones de bienestar sin ingerir medicamentos. Anécdotas. Amigos. Excelentes recuerdos y oportunidades en medio de adversidades.

Eleonora.

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